Galería de Arte

Un lienzo en blanco, puro, callado,

espera el toque del alma inspirada,

donde colores se vierten en sueños,

y el tiempo se congela, mirada tras mirada.

El pincel danza, un rito divino,

despierta formas, desliza destino.

Azules de cielos, dorados de sol,

los ecos del mundo vibran en su rol.

Ríos de sombras, luces fugaces,

susurros de vida en todos los trazos,

el alma del artista, en cada rincón,

desnuda su esencia, su corazón.

Paisajes dormidos, figuras que lloran,

momentos eternos que nunca se borran.

Cada trazo es un grito, un verso, un latido,

un puente al pasado, al ser escondido.

Y al final, la pintura se vuelve un espejo,

un viaje de ida, un regreso sincero.

Donde quien contempla, también crea,

y en cada mirada, renace la idea.